Son numerosas las evidencias científicas que demuestran las diferencias fisiológicas entre mujeres y hombres y que, además, ponen de manifiesto que se precisan más estudios en profundidad en los que se aborden necesidades específicas de cada género. En este contexto, la alimentación juega un papel esencial, dado que va a determinar nuestro estado de salud a lo largo de las diferentes etapas y estados fisiológicos de nuestra vida, siendo de especial relevancia la influencia de los cambios hormonales que ocurren durante el ciclo vital humano.

Los hábitos de vida saludable son la piedra angular de una mejor calidad de vida y un aumento de la longevidad. España figura como el país de la UE con mayor esperanza de vida, siendo en 2024 de 86,2 y 80,7 años para mujeres y hombres, respectivamente.

Todo ello nos debe impulsar a llevar a cabo proyectos de investigación en los que el abordaje de la dimensión de sexo y género sea una de las prioridades, desde estudios más básicos con líneas celulares y animales de experimentación, hasta ensayos clínicos en los que se eviten los sesgos. Estos enfoques son claros ejemplos de innovación en investigación, y así son considerados según el Manual “El género en la investigación” del MCINU.

Por otro lado, sin perder de vista la diversidad, no podemos olvidarnos de la importancia de aumentar la participación de las mujeres en investigación, especialmente como líderes y coordinadoras de proyectos y actividades relacionadas con industrias tanto nacionales como internacionales. Diversos estudios han mostrado que, en los equipos bien gestionados, no sólo la multi- e interdisciplinariedad puede mejorar la calidad de los resultados de la investigación, sino que la diversidad en términos de sexo, género, origen geográfico, tradición cultural, edad, etc. también puede hacerlo. La constitución de equipos investigadores y de gestión diversos, sin duda, contribuye a mejorar la investigación.